7 septiembre / 2017

Educar Uno a Uno, el programa que le está cambiando el ‘chip’ a la educación en Palmira

Nota de El País – Redacción Palmira. 

Juan David Rodríguez Murillo tenía 14 años y cursaba noveno año en la sede educativa Rosa Zárate de Peña, -de la Institución Educativa Antonio Lizarazo-, en el barrio Coronado, de la comuna Uno, al noroccidente del municipio de Palmira.

Un lugar donde la pobreza y la violencia, se confabulan para matar los sueños. Él, confiesa, en esa época no era muy diferente a sus compañeros.

“Iba a estudiar obligado. Me daba pereza ir al colegio y cuando llegaba a la casa me ponía a jugar fútbol. No era buen estudiante, era indisciplinado y hasta grosero con los profesores”, dice.

El menor de tres hermanos, de padre operario en una empresa de muebles y madre empleada de una casa de familia, no tenía mayores expectativas en su vida. Pero en el 2014 todo cambió.

A la pequeña escuela llegó el programa ‘Educar Uno a Uno’ de la Fundación Manuelita, con un grupo de profesionales dirigidos por Gloria Eugenia Medellín Sánchez, cuya estrategia, un computador para cada niño, prometía mejorar la calidad educativa del lugar.

Y, lo más importante, cambiar la mentalidad de los estudiantes y de toda la comunidad educativa: directivas, docentes y padres de familia del sector.

Juan David se dejó contagiar por ese grupo de personas que le hablaron de sueños, futuro y una vida mejor.

“Ellos nos hacían acompañamiento permanente con la psicóloga y los ingenieros de sistemas. Dijeron que nosotros podíamos ser lo que nos propusiéramos, pero si trabajábamos duro. Empecé a creer en mí y en décimo me convertí en uno de los mejores del salón. Me propuse ser un pilo y lo logré. Gracias al programa estoy en primer semestre de Mercadeo Internacional y Publicidad en la Icesi”, dice con una sonrisa que no le cabe en la cara.

¿Qué es el programa ‘Educar Uno a Uno’ de la Fundación Manuelita?

En el 2013, cuenta Gloria Eugenia Medellín Sánchez, gerente de la entidad, iniciaron el programa con una etapa de investigación y referenciación, que los llevó a distintos países del mundo antes de plantear una propuesta final ante la junta directiva de Manuelita.

En el 2014 la empresa aprobó el proyecto, creó la fundación y escogió la sede Rosa Zárate de Peña, en Palmira, para el programa piloto considerando el gran número de estudiantes y la vulnerabilidad de la zona en que se encontraba la escuela.

“Era el patito feo de las otras sedes de la Institución Educativa Antonio Lizarazo, no solo en la parte de infraestructura. En la parte pedagógica era la que le bajaba los promedios al colegio en las pruebas Saber 11, el índice Sintético de Calidad Educativa y en las pruebas de tercero, quinto y noveno. Se nos convirtió en un reto y por eso la escogimos”, explicó Medellín.

Con un equipo interdisciplinario integrado por cuatro profesionales, entre ellos una psicóloga, la Fundación se ‘tomó’ el lugar e instaló sus oficinas en la sede.

El programa, explica Medellín, se basa en tres componentes: Pedagógico, Social y Tecnológico – Logístico.

La Fundación empezó a incidir en el primero a través de los planes de área y de aula y en la planeación del aula de clase y la malla curricular.

“Nosotros acompañamos a los docentes para que planeen adecuadamente desde la integración pedagógica de las TIC. Además los formamos en metodologías modernas y les hacemos un acompañamiento en el aula, para hacer una retroalimentación, felicitando las buenas prácticas o corrigiendo lo que haya que corregir”, expresó.

Maneja, igualmente, la metodología de los cinco momentos o Modelo Didáctico Operativo, que no es otra cosa que entender que el niño no es un sujeto pasivo, sino que trae unos presaberes, unas experiencias, entonces el rol del profesor cambia, pasa a ser el de un facilitador y se convierte en guía del proceso de aprendizaje y enseñanza.

En el componente Social se trabajó con las familias de los estudiantes para que participaran de manera activa en la educación de sus hijos.

Respecto al aspecto tecnológico, Medellín señala que si bien es una herramienta fundamental, por sí sola no facilita el proceso de aprendizaje y enseñanza, por lo cual el programa es integral y abarca la parte psicosocial y de capacitación de los docentes.

En la sede Rosa Zárate de Peña, de la Institución Educativa Antonio Lizarazo, se benefician 640 niños y 30 docentes con el programa Educar Uno a Uno.

Cambio actitudinal

Desde la llegada de la Fundación Manuelita, en todos los grupos, desde transición hasta grado once, de la sede Rosa Zárate de Peña, cada estudiante tiene su propio computador para hacer sus tareas.

Asimismo, cada una de las aulas cuenta con un vídeo proyector interactivo y unidades de carga de almacenamiento que es donde se guardan los portátiles y se cargan automáticamente.

Esta iniciativa generó cambios impresionantes no solo en la parte disciplinaria de los jóvenes, sino también en su modo de ver y concebir la vida.

Cambios que, además, se tradujeron en una notable mejoría de la calidad académica de la institución, al igual que en los índices de deserción y ausentismo.

“En el 2013 habían 623 estudiantes, hoy hay 640. Los niveles de deserción y ausentismo bajaron y la calificación del colegio pasó de C a B acercándose a la A”, dice Medellín, quien agrega con satisfacción que por primera vez en su historia, esta sede sacó un estudiante pilo que es el caso de Juan David Rodríguez Murillo.

En estos logros ha sido fundamental la filosofía que maneja la entidad y su equipo de trabajo, en el sentido de que estos niños y sus familias merecen solo lo mejor.

“Si me preguntan qué ha sido lo más importante en estos cuatros años que lleva la Fundación en la sede, yo diría que el cambio actitudinal. Cuando nosotros llegamos los niños no tenían esperanzas, ni expectativas de vida, ni siquiera la familia creía en ellos. Hoy, no solo saben que pueden, sino que además son conscientes de que tienen que dar lo mejor para lograrlo. Así hemos cambiado la mentalidad de sus familias y de los docentes”, reitera Medellín.

La institución Rosa Zárate de Peña es una escuela privilegiada pues es la única en Palmira que cuenta con este programa. Sin embargo, el objetivo es que el próximo año se implemente en la sede central, para beneficiar a 505 estudiantes.

El rector de la Institución Educativa Antonio Lizarazo, Ángel Nieva, calificó como una bendición la llegada de la Fundación Manuelita al colegio.

“Antes los niños no tenían sueños, ahora sí. Sueños reales que están cumpliendo, porque con la fundación llevamos a los muchachos y a los padres de familia a conocer las universidades, sus programas y eso les ha cambiado la forma de ver la vida. Solo esperamos que se extienda a todas las sedes y ojalá a todo el municipio”, subrayó el funcionario.

Por su parte, la coordinadora de la Rosa Zárate de Peña, Graciela Sánchez Gama, recuerda que en el 2012 cuando realizó una encuesta a los niños, muchos decían que solo querían terminar el colegio para irse a trabajar a las ladrilleras o galpones como los llaman.

“Ahora, ellos hablan de ir a la universidad. Esto ha sido posible gracias al programa”, dijo la funcionaria.

En ese mismo sentido se pronunció el docente Juan Carlos Muete Vasco, licenciado en Biología y Química, al indicar que el apoyo tecnológico y psicosocial del programa fue vital para el mejoramiento académico y disciplinario de los estudiantes.

“Yo soy de Bogotá y en la institución que estaba habían tres vídeoproyectores para todo el colegio y las maletas que daba el gobierno no eran suficientes. Sin embargo, lo mejor de este programa es que es integral, toca todos los aspectos, por eso el éxito del mismo”, manifestó.

Los padres de familia también reconocen el aporte de la Fundación en el progreso de sus hijos.

Doña Nancy Stella Rengifo quien tiene a su hijo está en grado once, aseguró que el programa Educar Uno a Uno, es una gran oportunidad para los estudiantes porque tienen el acompañamiento de un equipo lleno de conocimientos y grandes valores.

“Ellos les han brindado equipos tecnológicos y la facilidad de recibir muchos beneficios en la parte académica, sin importar el nivel o estrato de los niños”, destacó doña Nancy.

Brandon Vargas, estudiante de décimo, revela que antes de llegar la Fundación era difícil soñar, ahora solo piensa en ir a una universidad grande donde pueda estudiar diseño industrial.

Lo mismo le sucedía a su compañero, Milton Alexis Lozano, quien sostuvo: “Antes yo pensaba que eso de ir a la universidad era para gente de plata o de nivel alto, pero ahora, este programa nos ha enseñado que nosotros podemos ser lo que decidamos, si le metemos empeño y esfuerzo”.

Link a la nota en El País

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